El Artista como Enigma: Entendiendo a Marcel Duchamp a través de Harold Rosenberg
- ACCO

- 9 dic 2025
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Marcel Duchamp es, sin duda, una de las figuras más influyentes y desconcertantes del siglo XX. Un artista que dejó de pintar, que presentó un urinario en una exposición y que prefirió jugar ajedrez a "trabajar". ¿Fue un genio que redefinió el arte para siempre o un provocador que se burló de todo el sistema? Para un coleccionista o un simple aficionado, enfrentarse a su obra puede ser intimidante.

Afortunadamente, contamos con la mirada de uno de los críticos más lúcidos de la época, Harold Rosenberg. En su ensayo "Duchamp: Privado y Público", Rosenberg no nos da respuestas fáciles, pero nos ofrece un mapa para navegar el laberinto de la mente de Duchamp. No se trata solo de ver sus obras, sino de entender la crítica radical que encarnan.
El Rechazo al Trabajo: La Primera Provocación
Rosenberg comienza con una idea clave: Duchamp despreciaba el "trabajo" del artista en el sentido tradicional. Odiaba la idea de tener que producir "una pintura al mes" para satisfacer al mercado. Para él, el artista moderno se había convertido en una "máquina de hacer arte", repitiéndose a sí mismo en un ciclo de producción sin sentido. Su pereza no era solo un rasgo de carácter, sino una declaración de principios: el verdadero arte, para él, debía consistir exclusivamente en "actos de originación", no en la multiplicación manual de objetos.
El "Readymade": El Arma de la Indiferencia Visual
La innovación más famosa de Duchamp, el "readymade" (un objeto encontrado, como un portabotellas o una pala de nieve, firmado y presentado como arte), es analizada por Rosenberg como el arma definitiva en esta guerra contra el "trabajo" y el "gusto".
Duchamp insistía en que la elección de estos objetos "nunca fue dictada por una delectación estética", sino que se basaba en una "reacción de indiferencia visual con, al mismo tiempo, una ausencia total de bueno o mal gusto... una completa anestesia".
Rosenberg explica que con el readymade, Duchamp logró una fusión total entre el arte y el no-arte. Demostró que cualquier objeto, incluso el más banal, podía convertirse en arte simplemente por la elección del artista y su colocación en un contexto artístico. Esto, según Rosenberg, fue un golpe mortal a los valores tradicionales de la artesanía y la habilidad manual.
La Crítica a lo "Retiniano": El Arte como Idea
Otro de los grandes argumentos de Duchamp, que Rosenberg destaca, es su ataque a lo que él llamaba la pintura "retiniana". Duchamp sentía que, desde Courbet, el arte se había obsesionado con el placer puramente visual, con lo que "agrada al ojo", olvidando sus funciones anteriores: "podía ser religioso, filosófico, moral".
Su obra maestra, El Gran Vidrio, es el ejemplo perfecto de este arte "anti-retiniano". Es una obra que, según Rosenberg, es "intelectualmente impenetrable", una colección de experimentos, analogías y bromas privadas. Su importancia no reside en su belleza visual, sino en ser un "segmento objetivado de la vida mental y emocional del artista". No es un objeto para ser admirado, sino un "signo" para ser pensado.
El Mito y el Conflicto
Para Rosenberg, Duchamp es, en última instancia, un "caso permanentemente fronterizo", alguien que se mantuvo siempre en el borde del arte, "ni dentro ni fuera de él". Su carrera fue una crítica constante al sistema del arte, a su profesionalización y a su obsesión con el objeto.
Entender a Duchamp a través de Rosenberg es dejar de buscar la belleza en un urinario y empezar a apreciar la agudeza de la pregunta que ese urinario plantea. Es comprender que su legado no son tanto sus obras, sino la radical libertad que le otorgó al arte: la libertad de ser una idea, una broma, una crítica o, simplemente, la decisión de no hacer nada en absoluto.








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