Fernando García Ponce
- ACCO

- 11 nov 2025
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La Generación de la Ruptura tuvo a su polemista en José Luis Cuevas y a su precursor en Rufino Tamayo. Pero el movimiento también necesitó un constructor, un arquitecto que le diera una estructura rigurosa a la nueva abstracción.
Ese fue Fernando García Ponce (1933-1987).
Su origen es la luz de Mérida: una luz blanca, casi violenta, que no revela los detalles, sino que los aplana, convirtiendo el mundo en geometría pura. Su "ruptura" no fue un grito, sino un acto de orden y estructura.

El Arquitecto que Eligió el Lienzo
La historia que define a García Ponce es que él no jugó a ser arquitecto: lo era. No solo estudió Arquitectura en la UNAM, sino que fue un estudiante brillante que colaboró en proyectos reales, como el diseño de los nuevos campus de Ciudad Universitaria, trabajando con gigantes como Enrique de la Mora. Estaba destinado a una carrera exitosa construyendo edificios. Pero de noche, pintaba en secreto, obsesionado.
Y entonces, tomó una decisión: abandonó la arquitectura en la cúspide de su promesa. Dejó los planos físicos para dedicar su vida a construir "planos mentales". Conservó el rigor del arquitecto, pero lo aplicó al lienzo.

La Técnica del Muro (La Alquimia del Collage)
¿Cómo lograba esas texturas que parecen muros antiguos? Su gran inspiración fue el dadaísta alemán Kurt Schwitters, el maestro del Merz (arte hecho de basura). García Ponce no usaba solo papel limpio; usaba detritus: cartones viejos, telas rasgadas, fragmentos de madera. Primero, construía la superficie como un albañil, pegando estos materiales para crear una topografía.

Luego, aplicaba capas gruesas de pintura (blancos, ocres, grises). El acto final era de "destrucción" creativa: raspaba, lijaba y "erosionaba" la pintura con espátulas, revelando las cicatrices de las capas inferiores. Obras como sus "Relieves" (ej. Relieve No. 1) no son pinturas; son muros. Son la superficie de una hacienda yucateca, erosionada por el sol y el tiempo, donde se siente la memoria.

La Alianza Intelectual (El Búnker de Coyoacán)
No se puede entender a Fernando sin su hermano, Juan García Ponce. Juan era el filósofo y ensayista principal de la Ruptura. Aquí está el drama: Los críticos de la época, acostumbrados al caos del Muralismo o a la explosión de Cuevas, encontraban la obra de Fernando "fría", "inerte", "demasiado mental".
Fue Juan quien tomó la pluma y se convirtió en el gran defensor de su hermano. Su casa en Coyoacán se convirtió en un "cuartel general" de la Ruptura. Allí, Juan escribió ensayos fundamentales (como "La aparición de lo invisible") donde argumentaba que esa geometría no era "fría", sino todo lo contrario: era una "búsqueda apasionada del orden", una forma de misticismo, un intento de encontrar lo absoluto en la estructura. Fue una simbiosis perfecta: Fernando construía la abstracción; Juan explicaba por qué esa abstracción era apasionante.
Geometría y Luz
Su obra madura es la prueba de la tesis de su hermano. Sus famosos "Homenajes al cuadrado" (un guiño al maestro de la Bauhaus, Josef Albers) son la clave.
Mientras los cuadrados de Albers eran sobre el color puro y plano, los cuadrados de García Ponce están vivos. Están llenos de textura, cicatrices y materia. Son orden, sí, pero un orden humano, erosionado, imperfecto.
El arte de García Ponce es un acto de claridad intelectual. Es el opuesto al caos de Cuevas. Es un arte que nos invita a encontrar la belleza en la estructura y el rigor en la composición. Su "ruptura" fue demostrar que la abstracción pura podía ser tan radical y profundamente mexicana (la luz de Yucatán, el muro maya) como cualquier mural político. El legado de García Ponce es la elegancia y el rigor. Fue el arquitecto que le dio a la Ruptura su estructura más pura.








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