top of page

David Alfaro Siqueiros

  • Foto del escritor: ACCO
    ACCO
  • 14 oct 2025
  • 5 Min. de lectura

Si Diego Rivera fue el narrador de la historia de México y José Clemente Orozco su conciencia trágica, David Alfaro Siqueiros fue su soldado revolucionario. Para él, el arte y la política no eran dos actividades separadas; eran la misma lucha, librada con diferentes armas. Su vida fue un torbellino de acción: fue soldado en el frente de batalla, activista sindical, prisionero político, exiliado, teórico y conspirador. Siqueiros fue el más radical, experimental y políticamente comprometido de los "tres grandes", un hombre que creía que el arte no debía simplemente representar el mundo, sino cambiarlo con la misma fuerza que una bala.


David Alfaro Siqueiros
David Alfaro Siqueiros

La Forja de un Rebelde: De la Academia a las Trincheras


La vocación de Siqueiros por la agitación comenzó mucho antes que su arte. Su infancia no estuvo marcada por la contemplación, sino por la acción. A los 15 años, en 1911, fue uno de los líderes de la primera huelga estudiantil en la historia de la Academia de San Carlos, protestando contra los métodos de enseñanza anacrónicos. Desde adolescente, ya estaba intentando demoler las viejas estructuras.


Esta energía encontró su cauce en la Revolución Mexicana. A los 18 años, se enlistó en el Ejército Constitucionalista. Sí, luchó en la primera línea, pero su experiencia fue más profunda que la de un simple soldado. Ascendió al rango de capitán y su posición en el estado mayor le permitió viajar por todo el país, desde el norte desértico hasta el sur selvático. No vio la guerra desde un solo frente; vio, como él diría, las "entrañas del conflicto" en toda su complejidad. Esta inmersión total en la realidad violenta, cruda y diversa de México lo marcó para siempre. A diferencia de Rivera que observaba desde París, Siqueiros vivió la Revolución en carne propia, forjando una convicción inquebrantable de que el arte debía nacer de la lucha y servir a la lucha.


La Proclama de Barcelona: Un Manifiesto desde Europa


Después de la guerra, Siqueiros fue enviado a Europa como agregado militar. Pero su misión era doble: diplomacia y absorción artística. En París y Barcelona, se sumergió en las vanguardias: el cubismo, el futurismo italiano con su culto a la máquina y la velocidad. Sin embargo, en lugar de convertirse en un discípulo, actuó como un teórico. En 1921, en la revista Vida Americana de Barcelona, publicó su "Manifiesto para los Artistas de América".

Lo hizo en Europa porque era allí donde se estaba librando la batalla de las ideas artísticas. Quería declarar la independencia de América desde el corazón del viejo mundo. En el manifiesto, hacía tres "llamamientos" con una claridad asombrosa:


  1. Rechazar el pasado y abrazar el futuro: "Desechemos las teorías anquilosadas... adoptemos, en cambio, con un espíritu disciplinado, la maravillosa dinámica de nuestro tiempo".

  2. Volver a los orígenes, pero para modernizarlos: "Acerquémonos a las obras de los antiguos pobladores de nuestros valles... pero no para copiarlas... sino para superar su espíritu constructivo".

  3. Crear un arte público y monumental: Hizo un llamado a crear un arte que abandonara el "decorativismo de salón" y se integrara en la vida pública.


Su manifiesto, aunque de circulación limitada en Europa, fue una bomba de tiempo. Al regresar a México convocado por Vasconcelos, no llegó con las manos vacías; llegó con un plan de batalla ideológico ya redactado.


La "Poliangularidad": El Espectador en Movimiento


La innovación más radical de Siqueiros fue conceptual: la "poliangularidad". Siqueiros argumentaba que un mural no es un cuadro gigante. Un cuadro se ve desde un punto fijo, pero un mural se experimenta mientras el espectador camina. Por lo tanto, el mural debía ser dinámico, una "máquina visual" que se activara con el movimiento del observador.


Dadvid Alfaro Siqueiros, La Marcha de la Humanidad, 1965 - 1971
Dadvid Alfaro Siqueiros, La Marcha de la Humanidad, 1965 - 1971

Para lograrlo, usaba proyecciones fotográficas y complejas distorsiones geométricas. Un ejemplo magistral es su mural "Del Porfirismo a la Revolución" (1957-1966) en el Castillo de Chapultepec. Si te paras en el centro, la composición parece correcta. Pero a medida que caminas hacia la derecha, el suelo parece levantarse, las figuras te envuelven y el rifle de un revolucionario parece apuntarte directamente. Siqueiros te obliga a ser un participante activo, no un espectador pasivo. Su obra cumbre en esta técnica es "La Marcha de la Humanidad" en el Polyforum Siqueiros, un edificio entero concebido como un mural en movimiento, una experiencia inmersiva total que te rodea por completo.


El Laboratorio Técnico y el Primer Exilio


Siqueiros creía que un arte revolucionario necesitaba herramientas revolucionarias. Despreciaba la técnica del fresco por "arcaica". Su estudio se convirtió en un laboratorio. Fue el pionero en el uso de pinturas industriales como la piroxilina (laca automotriz) y herramientas modernas como las pistolas de aire, que le permitían crear texturas y efectos de velocidad imposibles de lograr con pinceles.


David Alfaro Siqueiros, Collective Suicide, 1936
David Alfaro Siqueiros, Collective Suicide, 1936

Fue precisamente su activismo político lo que lo llevó a Nueva York en 1936, no como un artista invitado, sino como un exiliado político. Su constante agitación sindical, especialmente su liderazgo en huelgas de mineros, lo había convertido en una figura incómoda para el gobierno mexicano. Fue en este exilio que fundó el "Siqueiros Experimental Workshop". La historia es legendaria: un joven Jackson Pollock se unió al taller y quedó fascinado. Allí, por primera vez, experimentó con la pintura vertida, las texturas accidentales y los materiales industriales. La técnica del "drip painting" que haría famoso a Pollock tiene una deuda innegable con la furia experimental del taller del exiliado Siqueiros.


El Radical sin Concesiones: El Atentado contra Trotsky


Para Siqueiros, no había línea divisoria entre el arte y la acción directa. Su compromiso como estalinista convencido lo llevó al episodio más controvertido de su vida. En mayo de 1940, León Trotsky, el gran rival de Stalin, vivía exiliado en Coyoacán. Siqueiros, viéndolo como un traidor a la causa, lideró un asalto armado a su casa para asesinarlo. Disfrazados de policías, él y un grupo de mineros irrumpieron en la propiedad y dispararon cientos de balas contra el dormitorio de Trotsky, quien sobrevivió milagrosamente. El atentado fallido obligó a Siqueiros a huir de nuevo, esta vez a Chile. Esta historia, aunque oscura, es crucial para entender a un hombre para quien sus convicciones políticas eran tan absolutas que estaba dispuesto a matar y morir por ellas.


El Legado


El legado de David Alfaro Siqueiros es el del gran futurista del Muralismo. Fue el que más arriesgó, en su vida y en su arte. Llevó el mural más allá de la narración para convertirlo en una experiencia dinámica y tecnológica. Si Rivera miraba al pasado con reverencia y Orozco a la tragedia universal con empatía, Siqueiros siempre tuvo la vista clavada en un futuro violento, industrial y revolucionario que él mismo estaba tratando de construir, a pinceladas y, a veces, a balazos.

Comentarios


Wheat Field with Cypresses Van Gogh_edited.jpg

Comienza tu Viaje hacia una Mirada Experta

Únete a la conversación y forma parte del Atelier, nuestra comunidad de diálogo sobre el arte y su mercado. Accede a perspectivas, análisis exclusivos y al club de lectura con una membresía que es, y siempre será, gratuita.

bottom of page