Inés Amor
- ACCO

- 11 oct 2025
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Mientras Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros pintaban la revolución en los muros públicos, una pregunta flotaba en el aire: ¿quién se encargaba de sus obras de caballete? ¿Quién los promocionaba? Y, sobre todo, ¿quién llevaba su genio más allá de las fronteras de México? La respuesta a todas esas preguntas tiene un nombre: Inés Amor. Con una elegancia, una inteligencia y una tenacidad de acero, fue la fundadora de la Galería de Arte Mexicano (GAM), convirtiéndose en el motor comercial silencioso y el puente internacional de la generación de oro del arte mexicano.

Una Galería Nacida en un Sótano
La historia de Inés Amor como galerista comenzó, como las mejores historias, casi por accidente. En 1935, México era un hervidero de talento artístico, pero carecía de una infraestructura profesional. La joven Inés, con tan solo 23 años, vivía inmersa en ese mundo. Su hermana Carolina era pintora y su círculo de amigos incluía a los artistas e intelectuales más importantes del momento, quienes a menudo se quejaban de la falta de espacios para exponer.
Fue entonces cuando Carolina, junto al poeta Genaro Estrada, decidieron tomar cartas en el asunto. Le ofrecieron el sótano de la casa familiar a un grupo de artistas y le pidieron a Inés, conocida por su impecable capacidad de organización, que montara la exposición. La muestra fue una colectiva que incluía a titanes como Diego Rivera, Rufino Tamayo y Manuel Rodríguez Lozano. Inés preparó un catálogo, gestionó la lista de invitados y se encargó de la venta. El evento fue un éxito rotundo. En ese momento, Inés no vio un éxito casual, vio un modelo de negocio. Vio el inmenso vacío que existía y, con una visión empresarial precoz, decidió llenarlo. Así, en el sótano de una casa particular, nació la Galería de Arte Mexicano (GAM).
La Protectora de los Genios (Incluso desde la Cárcel)
Bajo la dirección de Inés Amor, la GAM se convirtió en mucho más que un espacio de venta; fue una institución. Amor no solo vendía, educaba a una nueva clase de coleccionistas mexicanos, enseñándoles, a través de exposiciones impecablemente curadas, a apreciar el arte radical de su propio país. Su rol trascendía el de una simple intermediaria. Se convirtió en una socia para sus artistas.
Su relación más legendaria fue con el explosivo David Alfaro Siqueiros. Comunista radical y activista, Siqueiros veía en Amor a la "elegante burguesa" que necesitaba. A pesar de sus abismales diferencias ideológicas, Amor creía ciegamente en su genio. La anécdota que define su relación ocurrió en 1960, cuando Siqueiros fue encarcelado en el Palacio de Lecumberri por "disolución social". Lejos de abandonarlo, Amor lo visitaba regularmente, le llevaba materiales para que pudiera seguir pintando y, crucialmente, sacaba las obras de la cárcel para venderlas a través de la GAM y asegurar que su familia tuviera sustento. Fue un acto de lealtad y pragmatismo extraordinario.
La Conquista de América: Nueva York y Filadelfia
La ambición de Inés Amor era global. Sabía que para que el arte mexicano fuera verdaderamente valorado, debía conquistar el mercado estadounidense. Y lo hizo a través de una brillante estrategia de dos frentes.
El primer gran golpe fue en Nueva York, a través de su alianza con Alfred H. Barr Jr., el legendario director fundador del MoMA. Barr reconoció en ella a una par y la convirtió en su principal asesora para el arte mexicano. Esta colaboración culminó en 1940 con la monumental exposición "Twenty Centuries of Mexican Art". Amor fue una co-organizadora en la sombra, consiguiendo obras clave para esta muestra que desató una fascinación por la cultura mexicana en Estados Unidos.
Pero si Nueva York fue el desembarco oficial, Filadelfia fue la conquista personal. Amor forjó una relación aún más estrecha con Henry Clifford, el curador del Museo de Arte de Filadelfia. Juntos organizaron en 1943 la exposición "Mexican Art Today". A diferencia de la enciclopédica muestra del MoMA, esta fue la visión curada de Inés Amor. Reflejaba el gusto de su galería, presentando no solo a los muralistas, sino también a las figuras que ella defendía apasionadamente, como Rufino Tamayo y Frida Kahlo. Fue la primera vez que una galerista mexicana exportaba su propia visión curatorial a un gran museo estadounidense.
La Campeona de Frida y Tamayo: La Visión más Allá del Mural
Quizás el mayor testamento de la visión de Inés Amor fue su capacidad para ver más allá de la narrativa dominante del Muralismo. Mientras el discurso oficial se centraba en los "tres grandes", ella reconoció y defendió a dos figuras que no encajaban en el molde.
Fue una de las primeras y más importantes promotoras de Rufino Tamayo. En una época en que su estilo poético y universal era criticado por no ser "suficientemente político", Amor le ofreció un apoyo incondicional, organizando sus exposiciones y conectándolo con coleccionistas internacionales que entendían su lenguaje.
Y su relación con Frida Kahlo fue igualmente fundamental. Aunque hoy nos parezca increíble, Frida no era considerada una "gran artista" por muchos en su tiempo. Fue Inés Amor quien, reconociendo la potencia única y desgarradora de su obra, organizó su primera y única exposición individual en México en vida, en 1953. La historia es conmovedora: Frida estaba demasiado enferma para levantarse de la cama. Sin dudarlo, Amor organizó que la llevaran en una ambulancia a la galería el día de la inauguración. Colocaron su cama de cuatro postes en el centro de la sala, y desde allí, rodeada de sus pinturas y sus amigos, Frida Kahlo celebró su triunfo. Fue un evento que Inés Amor no solo hizo posible, sino que orquestó como el homenaje que sabía que Frida merecía.
El Legado
Inés Amor no solo vendió pinturas; construyó un mercado, educó a un país y abrió las puertas del mundo al arte mexicano. Fue una estratega, una diplomática cultural y una empresaria visionaria. Creó la infraestructura comercial y el puente internacional que permitieron que la genialidad de los artistas mexicanos no solo decorara los muros de su país, sino que conquistara el mundo.








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