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José Luis Cuevas

  • Foto del escritor: ACCO
    ACCO
  • 6 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

José Luis Cuevas no fue solo un artista; fue un personaje, una invención deliberada de sí mismo.


En el México de los años 50, dominado por la imagen del "obrero" muralista con overol y el dogma político, Cuevas irrumpió como la antítesis perfecta. Siempre vestido de traje oscuro, delgado, una figura de dandi intelectual que parecía salido de un cuento de Poe. Fue el enfant terrible de México.


Comprendió, antes que nadie en su generación, que para romper el monopolio cultural del Muralismo no bastaba con dibujar; había que hacer un escándalo. Su verdadera obra de arte fue su propia rebelión.


José Luis Cuevas

La Declaración de Guerra (La Cortina de Nopal)


La alianza entre Cuevas y Octavio Paz, el general intelectual de la Ruptura, no fue una afinidad abstracta. Fue personal y comenzó antes de la guerra pública.


Cuevas mismo contó la historia: se conocieron en 1955, un año antes del famoso manifiesto. La conexión fue Juana Inés Abreu Gómez, quien lo llevó a la casa de Paz en Chimalistac. De ahí, el grupo se movió a la legendaria residencia de la coleccionista y anfitriona María Asúnsolo. Cuevas, el joven enfant terrible, ya formaba parte del círculo íntimo de la élite cultural que Paz comandaba.


Por eso, cuando la bomba estalló en 1956, el golpe fue doblemente poderoso.

Cuevas publicó su manifiesto: "La Cortina de Nopal". Con una arrogancia brillante, atacó al "infecto bastión de Bellas Artes" y se burló del nacionalismo ("paisaje de nopal") como algo mediocre y provinciano. El establishment lo quiso linchar.


Pero Cuevas fue astuto. En el propio texto, reveló quién era su escudo. Al ser acusado de "antinacional", respondió que él sí creía en un México: el "México universal" de Tamayo y, crucialmente, de Octavio Paz. No estaba invocando a un ídolo lejano; estaba activando a su aliado.


El Culto a lo "Feo"


Su rebelión fue también estética. ¿Por qué su obra está llena de prostitutas, locos y figuras grotescas? Cuevas estaba obsesionado con la autenticidad del abismo.Despreciaba la belleza idealizada del "campesino" o el "obrero" que pintaban los muralistas. Él quería la "humanidad real", despojada de máscaras.


Famosamente, tomaba su bloc de dibujo y se internaba en los burdeles de la ciudad y en los patios del manicomio de "La Castañeda". No era turismo de miseria; era una búsqueda febril. Dibujaba con una velocidad endemoniada, capturando el gesto, la locura y la deformidad, encontrando en esa "fealdad" la verdad que el arte oficial insistía en ocultar.


El Mural Efímero (La Burla Maestra)


Su golpe maestro, sin embargo, fue pura burla. En 1967, Siqueiros (el "Coronelazo") seguía pontificando sobre la "eternidad" y la "función pública" de sus murales. Cuevas decidió atacar esa idea.


El Mural Efímero

Rentó una valla publicitaria gigante en la Zona Rosa (Calle Génova) y anunció, con bombo y platillo, que pintaría un "Mural Efímero". Durante días, pintó en público, generando un circo mediático. Creó una obra inmensa... y a los 30 días, ordenó que la destruyeran.


Fue un acto de performance que dinamitó la idea de "eternidad" del Muralismo. Demostró que el arte podía ser un evento, un gesto, y no un monumento de piedra. Fue la bofetada conceptual perfecta.


El Yo como Obra


La obra más vasta de Cuevas fue él mismo. Su obsesión narcisista lo llevó a dibujarse miles de veces: como santo, demonio, rey, monstruo o dandi. Sus "cartas" públicas, sus escándalos y su autopromoción eran parte de la obra.


Esta introspección radical es su conexión con ACCO. Cuevas nos enseña que para romper con lo establecido (el "mural" colectivo), primero hay que tener el valor de explorarse a uno mismo, con todo y los monstruos. Su narcisismo fue, en sí, un acto de liberación de la "masa" que el Muralismo veneraba.


El Legado del Rebelde


El legado de Cuevas no son solo sus dibujos; es la actitud. Le dio a la Ruptura los "dientes" y el valor para pelear en la arena pública. Demostró que la rebelión y la autopromoción también podían ser bellas artes.

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