Octavio Paz
- ACCO

- 2 nov 2025
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Imagina el México de 1950. El arte tiene dueños. Se llaman Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
Desde los muros del Palacio Nacional y Bellas Artes, han dictado la ley por décadas: el arte debe ser político, debe ser nacionalista y debe contar la historia de la Revolución. Cualquier cosa que se salga de ese guion —la abstracción, la introspección, la poesía visual— es vista no solo como un error, sino como una traición.
En este mundo de certezas monumentales, un pintor oaxaqueño llamado Rufino Tamayo se atrevió a ser diferente. Su mundo no era la lucha de clases, eran las sandías, el cosmos, el hombre en la noche.
El establishment lo odiaba por ello.
La tensión llegó a tal punto que Siqueiros y Tamayo, los dos gigantes, se agarraron a golpes en el Salón de la Plástica Mexicana. Siqueiros usó su poder en la prensa para atacar a Tamayo, llamándolo un "agente imperialista", un vendido.
El arte mexicano estaba ahogado. Necesitaba un "Agente de Cambio". Necesitaba una voz con una autoridad intelectual tan grande que pudiera romper el cerco.
Esa voz fue la de un poeta joven, cosmopolita y brillante: Octavio Paz.

Paz y Tamayo eran amigos, una amistad que, según Tamayo, duraría 50 años. Paz veía en él lo que los muralistas no podían: al verdadero moderno, al artista universal. La batalla final se dio en el territorio enemigo. En 1950, a Tamayo le ofrecieron una retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes. Era una afrenta directa. Paz escribió el ensayo para el catálogo: "Tamayo en la pintura mexicana".
El ensayo fue un misil. Paz desmanteló el dogma muralista al argumentar que el genio de Tamayo no era político, sino poético. Que su universalidad no lo hacía "traidor", sino el único mexicano que estaba a la altura de los modernos europeos. Al ganar esta pelea intelectual en el territorio enemigo, Paz abrió una grieta en el muro y le dio permiso a la siguiente generación para ser libre.
La cortina de Nopal
Si la defensa de Tamayo abrió la puerta, la intervención de Paz a favor de José Luis Cuevas la derribó con dinamita.
En 1956, Cuevas, un enfant terrible de veintipocos años, publicó su manifiesto que fue pura herejía: "La Cortina de Nopal". En él, atacó al "infecto bastión de Bellas Artes" y al arte nacionalista, llamándolo "mediocre y conformista". El establishment cultural pidió su cabeza.
Pero Cuevas, con una arrogancia brillante, reveló quién era su escudo. Cuando lo acusaron de "antinacional", él respondió que existía un otro México que sí respetaba: el de Tamayo y, crucialmente, el de Octavio Paz.
Paz era el líder intelectual del "México universal" que Cuevas usó como escudo. Al celebrar a Cuevas, Paz validó la "búsqueda valiente" del individuo, con toda su angustia y "fealdad", liberándolos del deber de pintar héroes. La última intervención clave de Paz fue la del lenguaje. No bastaba con defender; había que nombrar.
la centella glacial
Paz era amigo íntimo del círculo surrealista exiliado, al que también pertenecía Gunther Gerzso. Vio en la obra de Gerzso esa fusión imposible del rigor europeo y el misticismo mexicano.Y en 1973, le dio el nombre perfecto en su ensayo "Gerzso: la centella glacial". Paz no estaba describiendo la pintura, estaba describiendo el conflicto personal del artista. La palabra "glacial" no era solo por las líneas, era por el "frío ojo-cuchillo" y el rigor intelectual con el que Gerzso "desgarraba" el lienzo. Y la "centella" era la "violencia", el fuego y la sangre del mundo prehispánico que ardía debajo de esa herida.
Al darle este nombre tan poético y preciso, Paz hizo que la abstracción de Gerzso fuera tan emocionante y dramática como un mural de Siqueiros, pero de una manera infinitamente más compleja.
El Legado
Al final, el apoyo de Paz a la Ruptura fue un apoyo a la libertad del individuo. Entendía el arte como una herramienta de introspección, una forma de explorar la "otredad". Su legado nos enseña que el Agente de Cambio no siempre es el que crea la obra; a veces, es el que tiene el valor de construir el puente intelectual para que la sociedad pueda cruzar y entender la nueva creación.








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